Cuando el alma se detiene
Entre la prisa y el silencio, una dignidad olvidada El duelo, en nuestros tiempos, parece no tener lugar. Vivimos en una sociedad que corre, que exige resultados inmediatos, que observa con incomodidad a quien se detiene. Y sin embargo, detenerse es el primer acto de dignidad frente a la pérdida. La cultura del descarte no solo se manifiesta en los bienes materiales o en los cuerpos envejecidos. También descarta los procesos del alma. No hay tiempo para doler, se nos dice. Pero, ¿Qué humanidad queda si eliminamos el espacio para la tristeza? El duelo es un gesto de humanidad. Una forma de amor que se extiende más allá de la presencia física. No es enfermedad ni estancamiento. Es memoria activa. Y por tanto, resistencia. Cada pérdida significativa es una interrupción del flujo habitual de la vida. Una grieta que obliga a mirar hacia adentro. Pero en lugar de permitir ese viaje interior, el sistema nos exige rendimiento, producción, apariencia. He visto personas regresar a sus puestos de...


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