Argentina en el Puesto 16 de Consumo Pornográfico: Consecuencias Invisibles en tiempos de descarte

La industria de la pornografía, con cifras en alza, ha colocado a Argentina en el puesto 16 de visitas masivas a nivel mundial 

Según un informe reciente del Observatorio de Internet Argentina (OIA), que desde 2016 publica rankings de las búsquedas más destacadas y el consumo en páginas de distintas temáticas actuales, se estima que 8 de cada 10 personas consumen pornografía a través de distintos medios móviles de forma esporádica. 

En cuestión de género, la brecha es más corta de lo esperado: se estima que el 93% son usuarios masculinos y el 71% femenino, aunque, casi el 50 % lo hace de forma esporádica, para 2 de cada 10 personas se trata de un hábito semanal. 

El avance de las redes sociales e Internet ha propiciado el uso dirigido de este contenido de “entretenimiento íntimo”. A pesar de que las redes han cambiado sus políticas y condiciones, muchos usuarios eligen compartir imágenes, videos o stickers eróticos o pornografía explícita vía WhatsApp o Telegram de forma cifrada. Para algunos incluso, el porno se ha convertido en un chiste que desnaturaliza las relaciones sexuales. Se estima que el 31% de los usuarios ha enviado o recibido material pornográfico por WhatsApp, y el 7% de ellos son hombres.

Impacto Social y Psicológico del Consumo de Pornografía

La desnaturalización de este contenido ha dañado de forma múltiple los valores de la sociedad actual. Los expertos indican que una persona que consume pornografía habitualmente es más propensa a caer en depresión, soledad y desarrollar aislamiento social. Con estas nuevas formas de satisfacción individual, el amor en tiempos digitales se ha vuelto vulnerable ante los ojos de los valores mas loables de la sociedad.

Filósofos y especialistas en ética, como Michel Foucault, han argumentado que el consumo masivo de pornografía y la accesibilidad de este contenido en las redes sociales y plataformas digitales reflejan un cambio en la forma en que las personas interactúan con la sexualidad y las relaciones interpersonales. Foucault señaló que la sexualidad se ha convertido en una mercancía más, sujeta a las mismas dinámicas de consumo que cualquier otro producto.

Consecuencias en las Relaciones Personales

El consumo de pornografía socava la dignidad cognitiva de los usuarios, quienes, al intentar estar en una relación estable, a menudo someten a la otra persona tratando de vivenciar esa ficción en sus vidas reales. Incitan a nuevas prácticas depravadas que están lejos de los valores naturales del disfrute y goce bajo un afecto mutuo sano. Esto ha llevado al desarrollo de lo que algunos especialistas llaman "seres reptiles": humanos que prefieren la industria del porno y la autosatisfacción sexual antes que las relaciones sociales e íntimas entre dos personas.

La socióloga Gail Dines, en su libro "Pornland", advierte que la pornografía no solo distorsiona la percepción de las relaciones sexuales, sino que también afecta negativamente la capacidad de las personas para establecer conexiones emocionales auténticas. Dines sostiene que el consumo habitual de pornografía puede llevar a una disminución de la empatía y el respeto por las parejas sexuales, exacerbando la objetificación y la deshumanización.

El auge de la pornografía en la era digital también ha traído consigo una serie de problemas legales y éticos. La facilidad con la que se puede compartir y acceder a contenido pornográfico ha generado preocupaciones sobre la privacidad, la explotación y el consentimiento. Organizaciones como la Electronic Frontier Foundation (EFF) han llamado la atención sobre la necesidad de equilibrar la libertad de expresión con la protección de los derechos individuales en el entorno digital.

Además, el fenómeno del "revenge porn" (pornografía vengativa), donde se comparten imágenes y videos íntimos sin el consentimiento de las personas involucradas, ha aumentado significativamente, causando daños emocionales y psicológicos profundos. Este problema subraya la importancia de una educación digital responsable y la implementación de leyes más estrictas para proteger a las víctimas.

Desde los efectos psicológicos y sociales hasta las implicaciones éticas y legales, es esencial abordar este fenómeno con una perspectiva crítica y multidisciplinaria. Como señaló el filósofo alemán Jürgen Habermas, "La sociedad debe encontrar un equilibrio entre la libertad individual y el bienestar colectivo, asegurando que los avances tecnológicos y culturales no erosionen los valores fundamentales de respeto y dignidad humana"

Es crucial fomentar un debate abierto y constructivo sobre el impacto de la pornografía, promoviendo una educación integral que incluya tanto la alfabetización digital como una comprensión profunda de la sexualidad y las relaciones humanas. Solo así podremos construir una sociedad más consciente y equilibrada en tiempos de cambios vertiginosos.

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